Lo notable es que un Gobierno socialista copie un modelo, como es el francés, tan de derechas. Y que como única novedad regale el mercado a las privadas mientras se deteriora al servicio público. El Gobierno paralizó la reforma de 2006 y ahora hace la contrarreforma de su propia reforma. Una reforma de signo mercantil y privado que amenaza con degenerar en un monopolio como el que existió en España hace quince años: Antena 3 y Tele 5controlando todo el mercado. La contrarreforma es la confesión de un fracaso.
Se ha creado una autoridad audiovisual que nace sin apenas competencias. Además, el descontrol publicitario será tan grande que apenas tendrá nada que hacer.
Ahora contamos con un proyecto de ley aprobado aterrador porque la Ley de 2009 dice que habrá más pluralismo si los medios se concentran más. Es decir, que la Ley de Financiación del nuevo modelo de televisión contradice a la del 2006, ley que de acuerdo al informe que elaboramos sí planteó un modelo sostenible donde la subvención del Estado era transparente y pública con arreglo a la doctrina europea y donde la publicidad iba a bajar un minuto por hora cada año hasta la transición digital, lo que significaría nueve minutos por hora para que no fuera mayoritaria y no tergiversara la programación de servicio público. Ahora se ha eliminado la publicidad alegando la autonomía financiera del servicio público y se le carga de limitaciones. Es una Ley llena de prohibiciones, que limita su presupuesto y crecimiento durante cuatro años justo cuando se tiene que hacer frente a tres programas más en digital a partir del 3 de abril del 2010. Todo esto supuestamente beneficiará a los grupos privados. Por eso digo que la tercera Ley definitiva del Audiovisual es una Ley que da la vuelta a la de hace tres años. Ahora los derechos de los usuarios son menores que los de las empresas. La nueva Ley permite la liberalización, la concentración desbocada, la licencia privadas no a diez sino a 15 años. La prórroga automática de esta licencia que está prohibida por la UE y una liberalización de la emisión publicitaria a niveles de saturación brutales. He calculado media hora de publicidad por cada hora de emisión aunque es sintomático que el sector publicitario se manifieste en contra de esta Ley porque es consciente de esa saturación en el usuario. Esta liberalización tremenda sólo supone más regalos para las cadenas privadas. En definitiva, que esta Ley no regula el sector audiovisual porque lo considera solo como mercado y no como espacio democrático.